Cuarenta y ocho horas, con una base en el Puerto
Un fin de semana cabe si no pretendéis cubrir comarca entera. El cerro se explica en Sagunto. La arena y el paseo, en Puerto de Sagunto. Como campamento, el ático de Calle Libertad está en el distrito marítimo: la ficha lo describe para cinco personas, con terraza propia. Esa terraza es el comodín del sábado por la noche, cuando ya no apetece buscar mesa. El aseo es uno solo: organizad las duchas en vez de descubrirlo a las nueve de la mañana con la sombrilla en la mano.
Llegad el viernes con luz si podéis. El check-in tiene una hora; aparecer tres horas antes solo llena el portal. Si el vuelo o el tren se retrasan, avisad con el número de reserva, no con un mensaje de «vamos de camino» sin hora. Quien entra de noche deja el castillo para el sábado. Las murallas de noche, con el recinto cerrado, no se visitan por fuera con provecho y sí con tropiezos.
Viernes: instalarse y poco más
Soltad la maleta, abrid ventanas, comprobad que la cocina enciende y que sabéis dónde está el cuadro de luces. Comprad agua, pan, fruta y algo de desayuno para no depender de un bar a las ocho del sábado. En el Puerto hay comercio de barrio; no hace falta una expedición al hipermercado para dos días.
El paseo marítimo, a esa hora, sirve para estirar las piernas y ver si el viento del día siguiente será de baño o de mirar. No cenéis lejos. Una compra sencilla y la terraza del ático bastan, o una mesa que encontréis andando, sin reserva de otra ciudad. Acostaos. El sábado empieza pronto si queréis el cerro antes del calor.
Sábado por la mañana: el cerro, y se acabó la cuesta
Salid temprano hacia el casco. En coche son unos minutos; en autobús, mirad la frecuencia del sábado, que no es la del lunes. Arriba, haced la fortaleza mientras la piedra aún no quema y, al descender, el graderío romano. No hace falta una segunda vuelta por la tarde «por si se nos olvidó una torre». Con una pasada seria habéis visto Sagunto histórico.
La bajada deja cerca de plazas donde tomar un café, no un banquete. Guardad el hambre grande para más tarde o comed algo corto aquí y bajad al Puerto a ducharos la sal... todavía no hay sal: bajad a cambiaros y a comer en el distrito donde dormís, para no cruzar el municipio con el bañador mojado a la vuelta. Quien quiera arroz al mediodía que lo pida donde vaya a sentarse, en el casco o junto al muelle, leyendo la carta. Este relato no señala locales ni los pone en orden.
Sábado por la tarde: una sola playa
Elegid la arena del Puerto y quedaos. Mover el coche a Canet y luego a Almardà gasta la hora de sombra en rotondas. Duchas y pasarelas, en temporada, están en los accesos principales; fuera de temporada pueden estar cortadas. Llevad agua desde el piso: el quiosco, si está abierto, no es un plan de hidratación.
A media tarde, si el levante molesta, la terraza del ático o una calle con sombra ganan al empeño de «aprovechar el mar». El domingo aún existe. Recoged la sombrilla antes de que el paseo se llene de quien sale a cenar, y dejad la arena en la ducha del edificio, no en el sofá. Si sois cinco y hay un solo baño, quien vuelva primero se ducha primero. No es un detalle menor: es el cuello de botella de esta ficha.
Domingo: o tren, o un paseo corto
Si salís a mediodía, no abráis otro monumento. Un café, la maleta y el margen hasta la estación de Sagunt, si volvéis en Cercanías. La estación no está en Calle Libertad: sumad taxi, autobús o el coche de quien os acerque. Comprad el horario la noche anterior. Perder el tren por un último baño es el clásico de este municipio.
Si el domingo amanece gris, cambiad el baño por el casco solo en el caso de que el sábado se os hubiera torcido. No acumuléis los dos planes «porque ya que estamos». Llegaréis a casa reventados y con la sensación de no haber estado en ningún sitio. Un fin de semana bien cerrado es cerro más una playa, o playa más un paseo, no tres pueblos.
Cuando el grupo no es homogéneo
Si una persona no sube cuestas, que se quede el sábado en el Puerto y que el resto suba. Quedar a una hora fija para comer evita que nadie espere bajo el sol en una puerta equivocada. El ático, con terraza, permite que quien no haya subido tenga su mañana sin sentir que el viaje se reduce a un portal.
Si viajáis con trabajo el lunes, el domingo por la tarde no es para estrenar Almenara. Es para repostar, cargar el teléfono y dejar la basura como indique la ficha. La terraza se disfruta el sábado; el domingo se barre un poco para no salir con prisas indignas. Cinco plazas significan cinco mochilas: nombrad a alguien que mire debajo de la cama.
La ficha del ático no es la de dos baños de la misma calle. Si al reservar dudáis, abrid las dos y leed aseos y terraza. Para este fin de semana concreto, la terraza pesa de noche y el baño único pesa de mañana. Sabedlo el viernes, no el sábado a gritos.
Lluvia, viento y el plan de repuesto
Si el sábado llueve de mañana, invertid los bloques: paseo cubierto o casco comercial primero, y el cerro en cuanto escampe, aunque sea un rato más corto. La piedra mojada no es el momento de una foto en el borde. Si llueve todo el día, un museo o una iglesia abierta, según lo que el pueblo ofrezca esa fecha, salva la jornada mejor que insistir en la orilla. No prometo una sala concreta: mirad el cartel del Ayuntamiento el viernes por la noche.
El viento de levante puede dejar el mar impracticable con el cielo azul. Entonces el programa de tarde pasa a ser compra de comida rica, terraza si no vuela todo, y una partida de cartas. Forzar el baño «porque es el único día» es como se fastidia un hombro. El domingo por la mañana, si el viento cae, aún hay un hueco corto antes de la maleta.
Qué meter en la bolsa y qué no
Para dos días basta una mochila con ropa de recambio, calzado de cuesta, chancla solo para la arena, una capa para la noche y el cargador. La sombrilla, si el piso no la deja, se compra o se alquila donde esté abierto; no viajéis con una de jardín en el tren. Crema, una bolsa para la arena y una botella rellenable pesan menos que un disgusto.
Dejad en casa la vajilla, la tabla de planchar portátil y la idea de visitar tres calas. El ático ya tiene cocina para un desayuno y una cena. El casco ya tiene cuesta suficiente. El Puerto ya tiene orilla para llenar la tarde. Si al hacer la maleta el domingo cabe todo menos el viento en el pelo, el fin de semana ha estado en su sitio.